Casi el 90 % de las diócesis de EE. UU. dependen de sacerdotes y religiosas nacidos en el extranjero. Un reciente cambio en el visado R-1 evita a estos trabajadores religiosos esperar un año fuera del país para renovarlo, pero los continuos obstáculos migratorios siguen complicando su ministerio. Algunas congregaciones de hermanas ya trasladan su formación fuera de EE. UU. porque las normativas de visado restringen el ingreso de novicias extranjeras.






