En el Convento de San Antonio de Padua, en Toledo, España, una comunidad de monjas franciscanas combina la vida religiosa con la conservación y cría del conejo gigante español, una raza en peligro de extinción que durante la Guerra Civil Española alimentó a familias y orfanatos. “Tenemos que proteger la creación. Somos franciscanas”, afirma su abadesa.






